Ilustración de un sello de certificación IFS Food con iconos de control de calidad alimentaria

Certificación IFS Food: qué implica para tu marca


Cuando una marca de alimentación anuncia que ha obtenido una certificación, es fácil pasarlo por alto como un sello más en la etiqueta. Pero en el caso de IFS Food, detrás de ese sello hay una auditoría exhaustiva, realizada por un organismo externo, que revisa absolutamente todo lo que ocurre antes de que un producto llegue a la mesa.


En Vanetta acabamos de obtener esta certificación, y queremos explicar qué implica realmente: qué evalúa, cómo funciona el proceso y por qué es relevante tanto para la empresa como para quien confía en nuestros productos.


IFS Food (International Featured Standards) es un estándar internacional de seguridad y calidad alimentaria, dirigido a empresas que elaboran o envasan alimentos. Fue desarrollado conjuntamente por distribuidores, fabricantes y organismos de certificación de varios países europeos, con el objetivo de contar con un único criterio de referencia para evaluar a los productores de alimentos.


Está reconocido por la Iniciativa Global de Seguridad Alimentaria (GFSI), lo que significa que su exigencia está avalada a nivel internacional y que el certificado es aceptado por grandes cadenas de distribución y clientes de todo el mundo.


A diferencia de un control puntual, IFS Food no evalúa solo el producto terminado: evalúa el sistema completo que hay detrás de ese producto.


La auditoría la realiza un organismo de certificación independiente y acreditado, ajeno a la empresa. Un auditor cualificado visita las instalaciones, revisa documentación, entrevista al personal y observa los procesos en marcha, no solo sobre el papel.

El proceso, a grandes rasgos, sigue estas fases:

  • Diagnóstico inicial: se revisa el estado real de la empresa frente a los requisitos del estándar, y se detectan los puntos que necesitan mejora.
  • Plan de corrección: se resuelven las incidencias detectadas, con evidencias documentadas y no solo declaraciones de intenciones.
  • Auditoría de certificación: un auditor externo evalúa in situ el cumplimiento de cada requisito y asigna una puntuación.
  • Seguimiento: la certificación no es un logro permanente. Se audita de forma periódica, e incluye auditorías no anunciadas para comprobar que el sistema funciona también cuando nadie lo espera.


El estándar tiene un enfoque basado en el riesgo: no impone una única forma de hacer las cosas, sino que exige que cada empresa identifique sus propios puntos críticos y demuestre que los controla. Las áreas principales que se revisan son:

  • Gobernanza y compromiso: que la seguridad alimentaria sea una prioridad real de la dirección, no solo del departamento de calidad.
  • Sistema de gestión de la calidad y la seguridad alimentaria: análisis de peligros, puntos de control crítico, trazabilidad y gestión documental.
  • Gestión de recursos: formación del personal, higiene, estado de las instalaciones y del equipamiento.
  • Procesos operativos: desde la recepción de materias primas hasta el envasado y la expedición del producto final.
  • Medición, análisis y mejora: gestión de reclamaciones, retiradas de producto, no conformidades y planes de acción correctiva.


Es decir, la auditoría no se detiene en si el producto final es correcto: revisa si el sistema que lo produce es capaz de garantizarlo de forma consistente, envío tras envío./


Cada requisito se evalúa y suma a una puntuación global. Existen además requisitos considerados KO (knock-out): puntos críticos de seguridad alimentaria que, si no se cumplen, pueden impedir la certificación aunque el resto de la puntuación sea alta.

  • Nivel superior (95-100% de puntuación): significa un sistema de calidad y seguridad muy sólido, prácticamente sin desviaciones. Con un margen de acción de certificado directo.
  • Nivel fundamental (75-94,9% de puntuación): significa que cumple los requisitos, con algunas desviaciones menores. Con un margen de acción de certificado con plan de mejora.
  • No superado (<75% de puntuación): significa que hay desviaciones relevantes en requisitos clave (KO). No se certifica.

El informe de auditoría no es solo un aprobado o un suspenso: incluye el detalle de cada punto evaluado, lo que convierte el proceso en una herramienta de mejora continua, no solo en un trámite.


Obtener IFS Food no es un sello decorativo. Implica, en la práctica:

  • Mayor exigencia interna: procesos documentados, formación continua del personal y revisión constante de los puntos críticos.
  • Trazabilidad real: capacidad de rastrear cualquier producto, desde la materia prima hasta el punto de venta, en cuestión de horas si fuera necesario.
  • Acceso a más mercados: muchas cadenas de distribución y clientes internacionales exigen esta certificación, o una equivalente, para trabajar con un proveedor.
  • Mejora continua verificada: el sistema no se certifica una vez y se olvida; se revisa de forma periódica, con nuevas auditorías.


Lo que no cambia es la receta ni el producto en sí: la certificación no sustituye la calidad de las materias primas o del desarrollo del producto, la complementa, garantizando que el proceso que hay detrás está bajo control.


Para nosotras, certificarnos en IFS Food ha sido una forma de someter nuestro propio sistema a una revisión externa, exigente y objetiva. No es una autoevaluación: es un tercero ajeno a la empresa el que comprueba, con criterios internacionales, que lo que decimos que hacemos es lo que realmente ocurre en planta.


Es también una forma de dar una garantía adicional, verificable y auditada, a quien elige nuestros productos: no solo confiar en la etiqueta, sino saber que detrás hay un sistema de control revisado por un organismo independiente.


La certificación IFS Food no es un requisito burocrático más: es una auditoría exhaustiva sobre cómo se garantiza la seguridad y la calidad alimentaria, desde la gestión de la empresa hasta el último paso del envasado. Implica exigencia interna, revisión externa constante y un compromiso con la mejora continua que no termina el día de la auditoría.


Para una marca, obtenerla significa poder demostrar, con un criterio reconocido internacionalmente, que su sistema de calidad y seguridad funciona. Para quien compra sus productos, significa una garantía más, verificada por alguien de fuera.


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